Adela Del Carmen Medina Ovando.
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Nuevas tendencias en el desarrollo de destinos turísticos
Tonalá chiapás a 19 de septiembre del 2017.
NUEVAS TENDENCIAS EN EL DESARROLLO DE DESTINOS TURÍSTICOS: MARCOS CONCEPTUALES Y OPERATIVOS PARA SU PLANIFICACIÓN Y GESTIÓN. Reyes Ávila Bercial* y Diego A. Barrado Timón** ANTAR Taller de Estrategias Creativas **Universidad Autónoma de Madrid y ANTAR Taller de Estrategias Creativas.
INTRODUCCIÓN
Si hubiese que buscar una característica que
pueda diferenciar al turista del siglo XXI del consumidor que fue protagonista
desde mediados del siglo XX, ésta sería su creciente capacidad de elección.
El turista de la era del
conocimiento y la información, y lo que es más importante, de la facilidad de
acceso a ese conocimiento e información, tiene a su alcance una enorme gama de
ofertas turísticas y de ocio; así como una casi ilimitada capacidad para
hacerlas efectivas por el aumento del tiempo libre, la continua mejora de los
medios de transporte y la introducción de Internet en las formas de acceso a la
comunicación, distribución y comercialización turística.
Además es un
consumidor exigente, para quien el tiempo de ocio forma parte esencial de su
autorrealización personal y social (Cuenca 2001: 60), por lo que pone el
énfasis más que en la cantidad en la calidad de las experiencias que se le
ofrecen.
Estos cambios que se están
produciendo en la vertiente humana y vivencial del turismo obligan
necesariamente a replanteárselo como actividad objeto de producción y consumo.
En este sentido, la dirección a seguir no sería la de ofrecer más productos
ante los cambios de la demanda, sino ofrecer productos innovadores que aporten
nuevas posibilidades de consumo. Por tanto, las concepciones tradicionales
sobre la oferta y sus procesos de producción, diseño, distribución y
comercialización han de ser continuamente revisadas. Si el turismo debe tener
una rentabilidad económica y social es necesario ofrecer aquello que buscan los
consumidores, y éstos están evolucionando a gran velocidad.
TRANSFORMACIÓN DEL MODELO
TURÍSTICO TRADICIONAL Y EMERGENCIA DE NUEVAS DEMANDAS:
El
modelo turístico preponderante en nuestro entorno es el de masas o fordista,
que sin necesidad de ser alarmista, dado que su comportamiento en los últimos
años sigue siendo muy aceptable, presenta una serie de desequilibrios estructurales
producto de su adaptación a una situación socioeconómica y a una demanda en
evolución. Esos desequilibrios remiten a una serie de problemas como son la
estacionalidad, la concentración territorial y la escasa diversificación de la
oferta. La realidad es que se trata de un modelo caracterizado por su
insuficiente diferenciación en forma, tiempo y territorio, y que a pesar de su
enorme tamaño ofrece una relativamente reducida diversidad a unos consumidores
que, como se apuntó en la introducción, si por algo se caracterizan es por su
creciente capacidad de elección en los aspectos motivacionales, temporales y
territoriales.
NUEVAS TENDENCIAS EN EL
DESARROLLO DE DESTINOS TURÍSTICOS:
29 Cuadernos de Turismo, 15 (2005), 27-43 La
reestructuración de este modelo pasa por comprender las nuevas necesidades de
la demanda, lo cual implica atender a los siguientes parámetros (Figura 1). Sin
duda, la principal referencia ha de ser la calidad como eje de desarrollo
fundamental. Pero construir un producto de calidad no significa construir un
turismo caro, sino partir de una nueva forma de organizar los servicios en la
cual prime, ante todo, la satisfacción del cliente y la adecuación de lo
ofrecido a sus necesidades y expectativas, con el fin de obtener y mantener una
posición competitiva en el mercado. De igual manera, hay que tener claro que ya
no se produce para consumidores indiferenciados. El turista actual es un
consumidor activo, autónomo y perfectamente diferenciado, lo que implica la
necesidad de construir productos a medida para públicos cada vez más
segmentados. Hablar de turistas genéricos tiene poco sentido en un momento
NECESIDADES DE
RECUALIFICACIÓN DEL MODELO TURÍSTICO FORDISTA Fuente: elaboración propia. 30
REYES ÁVILA BERCIAL Y DIEGO A. BARRADO TIMÓN:
Cuadernos de Turismo, 15
(2005), 27-43 que el ocio es ante todo creatividad, autorrealización, calidad
de vida y experimentación; en suma, la posibilidad de atesorar vivencias únicas
e individuales en lo festivo, lo lúdico, lo educativo y lo cultural.
Finalmente, la última gran necesidad no es construir más productos, sino
diseñar productos novedosos. Por supuesto que una de las grandes líneas que se
está siguiendo es la recualificación de los productos y destinos ya existentes,
pero la diversificación implica necesariamente aportar innovación. Esta novedad
no estriba, como en muchas ocasiones se piensa, en la oposición litoral frente
a interior, dado que pueden existir productos novedosos en el litoral y
convencionales o tradicionales en el interior1. La verdadera diferenciación
está en ofrecer productos segmentados, de calidad, temáticos, etc. En suma,
ofrecer vivencias únicas que sólo puedan ser experimentadas en el lugar en el
que se crearon, de modo que haya que ir allí para consumirlas; y que estas
experiencias se reinventen continuamente con el fin de mantener y fidelizar a
los clientes. En este sentido, los aspectos territoriales y ambientales que
aparecen en la figura 1. Presentan un papel transversal a las necesidades de
recualificación y diversificación apuntadas. El territorio y sus cualidades,
así como las relaciones que establezca con el sistema productivo-turístico, es
uno de los referentes fundamentales de la calidad turística. De hecho, esta
calidad turística es percibida en un alto porcentaje por los turistas como
calidad geográfica; es decir, calidad ambiental, en su vertiente objetiva y
subjetiva, del lugar en donde se enmarca su consumo. Pero además, el territorio
representa un papel esencial a la hora de aportar innovación y diversidad a los
nuevas ofertas, en la medida en que dentro del sistema de producción y consumo
turístico conlleva variables como localización y recursos, y por tanto,
diferentes posibilidades de construcción de productos.
UN MARCO CONCEPTUAL PARA LA
PLANIFICACIÓN DE PRODUCTOS TURÍSTICOS: EL DESTINO COMO EXPERIENCIA INTEGRAL:
Tradicionalmente la posibilidad de desarrollo turístico era vista como algo que tocaba o que caía en suerte. Una especie de lotería para aquellos lugares que se habían visto agraciados por la naturaleza (playa, clima, montaña, etc). o por la historia (grandes monumentos, museos, etc.), y que por tanto antes o después, y de una manera un tanto mecanicista, se acabarían convirtiendo en lugares de acogida y de desarrollo ligados al ocio y al turismo. Consecuentemente, la visión en negativo de este argumento sentenciaba que, por el contrario, aquellos ámbitos que no se habían visto favorecidos por determinadas circunstancias no tenían ninguna posibilidad de desarrollarse turísticamente. Esta situación era la propia de un momento histórico y de un entendimiento de las actividades turísticas en que la razón del desplazamiento era ver algo. Por tanto, si no se disponía de algo imprescindible que ver no se atraería visitantes, con lo que el turismo no dependía tanto de una voluntad de desarrollo sino de una cuestión de suerte frente a la que 1 De hecho, el turismo de interior existe, al menos, desde el mismo momento que el litoral, y aunque a otra escala ha asistido en determinados lugares a procesos de masificación e indiferenciación parecidos. Como ejemplo baste recordar el reciente boom de supuestos nuevos productos de turismo rural que poco o nada aportaban como verdaderos productos y como oferta diversificada.
Tradicionalmente la posibilidad de desarrollo turístico era vista como algo que tocaba o que caía en suerte. Una especie de lotería para aquellos lugares que se habían visto agraciados por la naturaleza (playa, clima, montaña, etc). o por la historia (grandes monumentos, museos, etc.), y que por tanto antes o después, y de una manera un tanto mecanicista, se acabarían convirtiendo en lugares de acogida y de desarrollo ligados al ocio y al turismo. Consecuentemente, la visión en negativo de este argumento sentenciaba que, por el contrario, aquellos ámbitos que no se habían visto favorecidos por determinadas circunstancias no tenían ninguna posibilidad de desarrollarse turísticamente. Esta situación era la propia de un momento histórico y de un entendimiento de las actividades turísticas en que la razón del desplazamiento era ver algo. Por tanto, si no se disponía de algo imprescindible que ver no se atraería visitantes, con lo que el turismo no dependía tanto de una voluntad de desarrollo sino de una cuestión de suerte frente a la que 1 De hecho, el turismo de interior existe, al menos, desde el mismo momento que el litoral, y aunque a otra escala ha asistido en determinados lugares a procesos de masificación e indiferenciación parecidos. Como ejemplo baste recordar el reciente boom de supuestos nuevos productos de turismo rural que poco o nada aportaban como verdaderos productos y como oferta diversificada.
NUEVAS TENDENCIAS EN EL
DESARROLLO DE DESTINOS TURÍSTICOS:
31 Cuadernos de Turismo, 15 (2005), 27-43 poco
o nada se podía hacer. En la actualidad el turismo no es entendido como un
simple desplazamiento a un lugar donde hay algo, sino como una actividad más
compleja y participativa. Se trata de ir a un lugar para hacer algo. Así pues,
ya no basta con contar con recursos para ser contemplados, sino que es
necesario construir productos que permitan realizar actividades, participar.
Con esta evolución las
actuales tendencias de la demanda y el consumo turístico están empezando a
permitir, e incluso a favorecer, el desarrollo de ámbitos que hasta el momento
se habían visto apartados de esta actividad o habían ocupado una posición muy
marginal, al no encajar en los parámetros de lo que los antiguos consumidores
consideraban como un lugar atractivo para ser visto. Ahora se irá a ellos
siempre y cuando ofrezcan algo que hacer. De este modo, el desarrollo turístico
deja de ser visto conceptualmente como fruto del azar y se convierte en una
actividad cuya mayor o más acertada evolución pasa a depender de estrategias de
diseño, promoción y comercialización cuidadosamente estudiadas y planificadas.
En suma, de políticas que
generalmente requieren no sólo de la intervención de los sectores y agentes
económicos directamente implicados, sino muy habitualmente del consenso y de
una cierta implicación por parte de toda una sociedad que se va a convertir, de
forma amplia, en la sociedad de acogida. Ya no basta con contar con una serie
de recursos más o menos demandados, sino que es necesario actuar de forma
voluntarista construyendo productos que ofrecer a los consumidores. Productos
únicos que permitan posicionarse de manera potente en el mercado y, lo que es
más importante, en el imaginario de los consumidores. Pero la evolución de las
formas de consumo turístico que muy brevemente se están señalando no se ha
detenido.
Actualmente se está asistiendo a una última vuelta de tuerca en el sector, en consonancia con la explosión de lo que está siendo denominado como economía y sociedad de la experiencia. Hoy, cada vez más, el turista busca sentir, de tal manera que se desplaza a lugares donde experimentar vivencias.
Actualmente se está asistiendo a una última vuelta de tuerca en el sector, en consonancia con la explosión de lo que está siendo denominado como economía y sociedad de la experiencia. Hoy, cada vez más, el turista busca sentir, de tal manera que se desplaza a lugares donde experimentar vivencias.
En este nuevo contexto el
desarrollo turístico, y muy concretamente el de las áreas emergentes, debiera ir
más allá de la planificación de productos turísticos para atender al más
integrador concepto de destino. Hasta ahora la tradicional planificación
turística ha atendido de manera casi exclusiva a estimular el interés de los
mercados, otorgando el mayor énfasis a los beneficios económicos. Sin embargo,
cada día es más aceptado que los problemas del desarrollo, y el del turismo lo
es, debieran tratarse como parte de un proceso de planificación coherente y
omnicomprensivo, para lo cual es imprescindible integrar el turismo en la más
amplia planificación local o regional del destino (Dredge 1999). Así pues, para
lograr desarrollos turísticos equilibrados será necesario actuar sobre el
conjunto de lo que significa el destino, entendido éste como un espacio físico
y social con unas determinadas características y calidades que ofrece una
yuxtaposición de valores ambientales, territoriales, sociales y culturales cuyo
conjunto lo convierten en algo que merece la pena experimentar, que ofrece una
vivencia integral al visitante. En realidad, el destino debe convertirse en la
experiencia en sí misma, situándose en la mente de los consumidores del mismo
modo en que lo hace una marca cualquiera, que más allá de un producto acaba
vendiendo una imagen.
REYES ÁVILA BERCIAL Y DIEGO
A. BARRADO TIMÓN:
Cuadernos de Turismo, 15 (2005), 27-43 Actuar sobre los destinos implica atender a aspectos, conceptos y técnicas novedosas como son la sostenibilidad, renovación, calidad, equilibrio, desarrollo local y regional, imagen integral de marca, te matización, etc.; y que de manera general van más allá de lo que era tradicionalmente incluido en la planificación turística. Estrategias, en suma, que permitan que un destino se reinvente de manera continua con el fin de ofrecer siempre experiencias novedosas, y que por tanto, mantenga su capacidad de atracción para unos consumidores que continuamente demandarán nuevas experiencias. Al fin y al cabo, un destino es un conjunto de realidades geográficas, históricas, socioculturales y productivas por las que merece la pena salir de casa (Locum Destination Consulting 2002).
Cuadernos de Turismo, 15 (2005), 27-43 Actuar sobre los destinos implica atender a aspectos, conceptos y técnicas novedosas como son la sostenibilidad, renovación, calidad, equilibrio, desarrollo local y regional, imagen integral de marca, te matización, etc.; y que de manera general van más allá de lo que era tradicionalmente incluido en la planificación turística. Estrategias, en suma, que permitan que un destino se reinvente de manera continua con el fin de ofrecer siempre experiencias novedosas, y que por tanto, mantenga su capacidad de atracción para unos consumidores que continuamente demandarán nuevas experiencias. Al fin y al cabo, un destino es un conjunto de realidades geográficas, históricas, socioculturales y productivas por las que merece la pena salir de casa (Locum Destination Consulting 2002).
Este nuevo planteamiento
debe ser tenido en cuenta de forma genérica para cualquier proceso de
planificación y desarrollo, pero cobra especial significación en el caso de los
ámbitos turísticos emergentes y que deben encontrar su hueco en el mercado. En
primer lugar, porque generalmente se trata de desarrollos turísticos en los que
la capacidad de atracción sólo será lo suficientemente importante cuando
integre todas las variables sociales, culturales, geográficas y económicas del
ámbito de acogida. Generar atracción y competir con ámbitos ya muy consolidados
y con imágenes de marca bien posicionadas requiere ofrecer vivencias
integrales, y para ello es imprescindible actuar sobre el conjunto de la
sociedad y el espacio de acogida, lo cual sólo puede hacerse a partir de una
aproximación exhaustiva como la que aquí se propone. La segunda razón es la de
la escala. Como se señala desde Locum Destination Consulting (2002) en la economía
de la experiencia lo importante sería la calidad de la oferta, y no tanto el
tamaño o las economías de escala. De hecho, es positivo que los destinos, sea
cual sea el tamaño de su sector turístico-productivo, se ofrezcan como
experiencias a pequeña escala, de tal modo que cada visitante individual pueda
realizar en todo momento elecciones individuales de consumo. Sólo así los
pequeños destinos emergentes se abrirán un hueco en el mercado y podrán
competir de forma rentable frente a las economías de escala de los grandes
ámbitos turísticos consolidados, no desde una perspectiva cuantitativa pero sí
cualitativa. De este modo, y en última instancia, entender la planificación
turística desde el punto de vista de la intervención integral en el destino
permite entender el desarrollo de un modo amplio, e ir más allá de la cuenta de
resultados de un único sector, caso del turismo.
UN MARCO ESTRATÉGICO DE
ACTUACIÓN PARA LA PLANIFICACIÓN INTEGRAL DE DESTINOS TURÍSTICOS INNOVADORES:
Partiendo de las premisas conceptuales anteriormente expuestas, un espacio determinado debe abordarse como destino turístico desde tres grandes marcos de trabajo conectados entre sí: el que atañe a los aspectos sociales del desarrollo, el que recoge los elementos de la sostenibilidad ambiental y territorial, y el que aborda los aspectos económicos. Pero además, junto a estos tres grandes conjuntos imprescindibles para la puesta en valor de un destino, la metodología de trabajo no estaría completa de forma efectiva sin contar con los cada vez más extendidos y considerados planes y sistemas de calidad y de comunicación.
Partiendo de las premisas conceptuales anteriormente expuestas, un espacio determinado debe abordarse como destino turístico desde tres grandes marcos de trabajo conectados entre sí: el que atañe a los aspectos sociales del desarrollo, el que recoge los elementos de la sostenibilidad ambiental y territorial, y el que aborda los aspectos económicos. Pero además, junto a estos tres grandes conjuntos imprescindibles para la puesta en valor de un destino, la metodología de trabajo no estaría completa de forma efectiva sin contar con los cada vez más extendidos y considerados planes y sistemas de calidad y de comunicación.

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